KPMG advierte que omisiones, inconsistencias y correcciones tardías disparan intereses y sobrecostos.
Para muchos colombianos, la declaración de renta del año gravable 2025 fue el primer contacto con la Dian o un trámite que exigió más orden del habitual. Sin embargo, el verdadero riesgo para 2026 no está solo en cumplir, sino en hacerlo mal y terminar pagando de más o enfrentando dolores de cabeza ante las autoridades tributarias.
Es por esto que analistas de KPMG advierten que hay errores recurrentes que se convierten en un “dolor de cabeza financiero” por sanciones, intereses y ajustes posteriores; que pese a que se pueden evitar, en muchas ocasiones se termina cayendo en estos por desconocimiento de los requisitos que hay actualmente.
Uno de los tropiezos más comunes es asumir que las reglas son las mismas cada año y olvidar que haber declarado en 2025 no significa automáticamente que se deba declarar en 2026, lo cual puede ocurrir al contrario. Como los topes se actualizan anualmente en variables como ingresos, patrimonio, consumos con tarjeta, consignaciones y compras, el punto de partida debe ser verificar si se cumplen o no las condiciones vigentes.
A partir de esa primera revisión, otro error costoso es dejar la declaración para última hora. KPMG señala que preparar el trámite “a contrarreloj” aumenta el riesgo de omisiones, inconsistencias y fallas de digitación, que luego abren la puerta a sanciones por corrección, por inexactitud o por extemporaneidad y por eso, insisten en que la organización previa de certificados de ingresos, extractos y soportes no es un detalle menor, sino un seguro contra sobrecostos.
En la práctica, muchas inconsistencias nacen porque el contribuyente olvida reportar ingresos adicionales que no identifica como parte de su obligación tributaria. Fuentes como arriendos, trabajos independientes, comisiones, rendimientos financieros o ganancias ocasionales, suelen quedarse por fuera del cálculo inicial y no reportarlas puede generar cruces de información desfavorables, ya que la Dian tiene la capacidad de detectar diferencias entre lo que se declara y lo que aparece en reportes y movimientos.
En el otro extremo, también existe el problema de terminar pagando más de lo necesario por desconocer deducciones y beneficios permitidos; ya que hay contribuyentes que no aprovechan opciones como deducciones por dependientes, intereses de vivienda, aportes voluntarios a pensiones o cuentas AFC, a pesar de que pueden ayudar a “optimizar legalmente” la carga tributaria. Para KPMG, la idea no es improvisar, sino planear durante el año y buscar asesoría cuando sea necesario.
Incluso cuando la información está completa, un error pequeño puede ser suficiente para activar problemas. El comunicado alerta por fallas frecuentes de digitación o inconsistencias documentales, como diferencias entre lo reportado y lo certificado, o datos mal registrados en la identificación del contribuyente. En apariencia son detalles, pero pueden terminar convirtiéndose en requerimientos, correcciones y costos adicionales, porque una corrección puede implicar sanciones y un proceso más largo de validación ante la autoridad tributaria.
A esos riesgos se suma uno que muchas personas subestiman y es no conservar los soportes; puesto que la DIAN puede solicitarlos “hasta cinco años después”, de manera que perder certificados y pruebas de los valores reportados deja al contribuyente sin capacidad de respuesta ante una fiscalización.
“En la práctica, esto puede traducirse en correcciones forzadas o discusiones difíciles de sostener, lo que al final vuelve más costoso un trámite que pudo haberse resuelto con organización”, indicaron.
En todo esto, la educación tributaria y financiera, el uso de herramientas digitales y la asesoría especializada pueden marcar la diferencia entre una declaración tranquila y un problema que se arrastra durante meses; ya que en un escenario donde los topes cambian y la Dian cruza información, cumplir no solo es presentar el formulario, sino hacerlo con coherencia, soportes y planeación, evitando así los sobrecostos que nacen de errores repetidos.
Fuente: Portafolio



